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Aun estoy alucinada de las paradas que hizo mi Sépoles de portero.

No es ojos de madre (que no los suelo poner y suelo ser objetiva) sino que la gente lo comentaba. Con seis años recién cumplidos, le ponemos bajo los palos, con su equipación de Ter Stegen, sus calcetas rojas, una camiseta negra de portero y sus guantes y… a jugar.

Nos invitó un papa del cole. Era un partido benéfico a favor de niños con cáncer y buscaban niños para jugar y allá que fuimos. Al llegar ya estaba el equipo organizado y le dieron la camiseta de portero a mi Sépoles. Llegó un fotógrafo que pidió que se colocaran como los futbolistas profesionales para hacerse una foto.

IMG-20170626-WA0000En ese momento, colocan a mi Sépoles a una punta, con la rodilla flexionada y la otra hincada en el suelo y un niño que estaba para la foto le pasa el balón y le dice “toma que el balón para la foto lo lleva el portero”. Que brillo de ojos se le puso a mi chico. Que felicidad sentí en ese momento. Habría deseado que se parara el tiempo para poder sentir tanto el como yo mas tiempo esa sensación de felicidad.

Comenzó el partido y nos dimos cuenta de un gran error. Mi Sépoles no sabía hasta donde podía coger el balón con las manos. El se dedicaba a intentar parar a niños de 7-8 años los chutes pero el problema era que paraba y la dejaba muerta en el área con el consiguiente gol.

Tampoco sabía sacar. Cuando por fin a gritos le decimos que pare el balón y lo coja, en cuanto lo cogía lo pasaba al primer compañero que veía que solía ser el que estaba mas cerca de la portería y con un contrario pegado por lo que el aumento de volver a sufrir un gol era grandísimo.

2-8 acabó el partido pero fue alucinante.

Mi Sépola no quería mirar por si le hacían daño a su hermano. De repente llegó el balonazo en la zona de barriga, genitales y muslos que todo portero, mínimo una vez por partido, tiene que recibir.

Pobrecito mío. Seguía bajo los palos como un jabato. Torcido, apoyado en las piernas sin quejarse ni pedir cambio. Bien es cierto que seguro que no sabía que podía pedir cambio y salir al banquillo.

Independientemente de este contratiempo el día fue genial y redondo.

 

Luego conocimos a la profesora de gimnasia rítmica que tendrá mi Sépola y hasta pudimos ver una actuación de un grupo de gimnastas que, por fin, despertó la inquietud de mi niña para apuntarse este curso.

Como anécdota divertida fue que, tengo que reconocer mi sobreproteccionistmo, fui a hablar con el entrenador del equipo contrario que lo conocía para decirle que mi hijo estaba bajo los palos y que en caso que sufriera algún balonazo desproporcionado sacaría la mala madre que llevo dentro.

Fuera bromas, fui a que me contara una liga de futbol par niños que hay “ilegal” y que llevan los padres. Cuando me cuenta en qué consiste, le pregunto si se puede también niñas. En ese momento mi Sépola mira para arriba y me dice “mama yo no pienso jugar a futbol”. No podíamos parar de reírnos. Yo en realidad preguntaba por una amiguita de ellos de clase que sé que le gusta pero ella pensó que la metía de cabeza a fútbol y casi le da algo.

Y CON EL NÚMERO 8…..MI SÉPOLES

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